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| El profesorado y la autoridad, 1 |
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| Inquieto, siempre inquieto - Mi columna | |||
| Escrito por Enrique Pampyn Martínez | |||
| Viernes, 06 de Noviembre de 2009 02:07 | |||
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Está claro que vivimos en un mundo mediático. Los sucesos se amplifican y los políticos y los periodistas
se convierten, utilizando su moral privada, en voceros de lo que consideran horrible. Así convierten algo que es minoritario en un problema nacional. Es curioso cómo ante lo que consideran que puede alarmar de forma contraproducente, los bienpensantes nacionales se confabulan para tranquilizar a la población. Este es el caso, por ejemplo, de la gripe A. Pero no realizan las mismas consideraciones cuando se trata de otros temas, por ejemplo, el educativo. En estos casos cualquier incidente se convierte en un ejemplo del horror que es la educación y los centros escolares, las familias y los profesores, o lo que toque. Esto, simplemente, es una enorme irresponsabilidad de políticos y periodistas. Es una pena que no se pueda actuar contra esta irresponsabilidad.El efecto de este horror es la alarma social y el mensaje que queda es que los profesores somos constantemente vapuleados por nuestros alumnos o por los padres. Imaginemos que un profesor entrara en coma hace diez años y despertara hoy. Durante la recuperación leería la prensa, vería la televisión, oiría a nuestros políticos, a Esperanza Aguirre, por ejemplo, leería los casos de maltrato a colegas suyos. Creo que la imagen que tendría es la que tienen muchos que están alejados de la enseñanza, que esto es una merienda de negros, que asistir a clase es un serio riesgo para la integridad física y mental y que lo mejor que puede hacer es buscar otro trabajo o pedir la invalidez absoluta por miedo insuperable. Pero, la realidad no corresponde con esta imagen. Lo normal es que el profesorado acuda a sus centros sin miedo, que no tenga más estrés del normal, aunque todo trabajo con personas sea una fuente de estrés, que puedan desarrollar su trabajo con los problemas habituales, algunos que producen momentos de tensión, pero dentro de lo razonable y, desde luego, no precisan de protección especial. Lo normal es que se sientan respetados por sus alumos, con los problemas habituales, y que se sientan con la autoridad suficiente para abordar las tensiones normales. Sin embargo, el efecto multiplicador de la prensa y de la opinión particular de nuestro políticos, lo que genera es la necesidad de dar respuestas a este enorme problema. Y esta necesidad, como sucede habitualmente, se convierte en la necesidad de plasmar una solución a través de una ley. Lo curioso es que esta ley sólo va dirigida a sucesos que son minoritarios, pero es una legislación general que afecta a todos. Para ejemplificarlo: imaginemos que, de pronto, se descubre una serie de casos de "pederastia" en el profesorado en diversos sitios, obviamente se trata de un número ridículo en términos porcentuales. Rápidamente los medios de comunicación lo amplifican, los políticos reaccionan con mensajes contundentes y con la necesidad de dar una respuestas "legal". Y todo ello se concreta en una ley. Imaginemos que esta ley incluye que no es posible "tocar" a los alumnos, que el profesorado debe ser responsable de denunciar lo que vea, etc. Así, tenemos una ley que surge por algunos casos que producen alarma social (y la produce porque los medios de comunicación y los políticos la provocan), pero que afecta a una actitud sana emocionalmente que consiste en poder "tocar" a los alumnos. ¿Tiene sentido una abrazo, una palmada cariñosa, un coger del brazo a los alumnos? Creo que emocionalmente no sólo tiene sentido, sino que implica un marco emocional de cercanía, de expresar que se está con el alumno... absolutamente necesario. Sin embargo, unos cuantos casos se han convertido en la razón de que todo esto se pierda. Esto mismo puede ocurrir con las medidas que se están proponiendo, como lo de la autoridad (cosa bien absurda), la tarima, el llamar de usted, etc. Unos cuantos casos van a provocar una ruptura de un marco emocional que permite una mayor y mejor complicidad, un apoyo emocional absolutamente imprescindible. Y, además, tiene la virtud de consolidar la idea de que en las escuelas se está produciendo una batalla campal entre el alumnado, las familias y el profesorado. Esto es, significa la defunción de una idea de la educación como un proyecto común entre familias, profesores y alumnos, de una comunidad educativa. Y esto tiene implicaciones de gran calado que no se perciben con facilidad y cuyos efectos se irán viendo progresivamente, no hoy. Pero de esto hablaré en otro momento.
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| Última actualización el Domingo, 08 de Noviembre de 2009 11:15 |