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Los bonos de la muerte o cómo el capitalismo negocia con cualquier cosa PDF Imprimir E-mail
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Inquieto, siempre inquieto - Mi columna
Escrito por Enrique Pampyn Martínez   
Viernes, 30 de Octubre de 2009 21:31

 
El País ha publicado un artículo bajo el título "Los 'bonos de la muerte' resucitan" ( 25/10/2009, ver) que refleja cómo el capitalismo financiero no para nunca en la búsqueda de productos que tengan alta rentabilidad, en la línea de las suprime. En este caso, además, parece que todos son bondades.
 

Tal como describe el periódico el proceso es el siguiente:

1) Alguien tiene una póliza de seguro de vida y necesita dinero por la razón que sea. La vende con un descuento a una empresa financiera.

2) A la empresa compradora le interesa por el descuento, de forma que, muerto el asegurado, cobra el seguro. El beneficio surge de la diferencia entre lo pagado al asegurado y lo que cobra después de su muerte, descontando las cuotas del seguro que haya tenido que pagar. Esta práctica está extendida en Estados Unidos y prohibida en España.

3) El producto financiero comienza con la emisión de bonos que tienen como garantía estas pólizas de seguro. Los inversores que compran estos bonos reciben un interés que estará relacionado con el beneficio previsto o real. Imagino que la cuestión clave está en el alto interés para que estos bonos sean realmente atractivos para los inversores

Tal como se plantea, parece estupendo. El ciudadano que vende su pólica gana porque recibe un dinero que necesita o quiere. Si la inversión no es rentable o si el mercado se hunde, el ciudadano no sale perjudicado porque ya se ha desentendido de la póliza. Así lo dice el director de regulación de la ILMA, Jack Kelly, citado por el periódico: "El propietario de la póliza recibe el dinero en el mismo momento de venderla. Si la titulización resulta fallida, el único perdedor es el inversor, a diferencia de lo que ocurre con las hipotecas en las que los propietarios pierden su vivienda y los inversores sus ahorros"

Parece, pues, que estamos ante un producto que no afecta a los propietarios y que, en caso de un nuevo crack de la economía, no afectaría a los ciudadanos de a pie.

Sin embargo, da la sensación de que algo no está bien bien cuando se analiza más a fondo y empezamos a imaginarnos situaciones posibles a partir de escenarios probables y muy cinematográficos:

1) La alta rentabilidad de estos bonos dependen de que los asegurados por las pólizas no vivan mucho tiempo. Esto es, cuanto más tiempo vivan, menor rentabilidad. Luego el interés de las empresas financieras estará en que la esperanza de vida de los asegurados sea lo más reducida posible. (En el artículo se cita que lo ideal es que duren menos de 10 años)

2) Un producto que reflejaría tendencias contradictorias con otras fuerzas económicas y morales. El interés se centra en pólizas de personas cuya esperanza de vida en el momento de venderla no supere los diez años. Pero el interés de las aseguradoras es el contrario. Es difícil asegurar la vida cuando se padece de enfermedades que reducen la esperanza de vida. El desarrollo de la investigación médica también es contradictorio con el producto en la medida en que tiende a ofrecer innovaciones que aumentan la esperanza de vida. Y, parece moralmente dudoso que la muerte se convierta en un negocio, aunque esto, hoy en día, parece menos relevante.

3) Situaciones imaginarias.

Una farmacéutica anuncia la salida al mercado de un tratamiento para el cáncer de pulmón y de cólon, cánceres que suelen tener peor pronóstico. El anuncio se hace a bombo y platillo, y todos los medios se hacen eco. La conferencia de prensa donde se iba a hacer la presentación del nuevo tratamiento empieza a retrasarse sin razón aparente; finalmente va cayendo en el olvido.

Entre tanto, una trabajadora de la empresa farmacéutica envía un dossier a un periodista en el que se pone de manifiesto que el tratamiento existe pero que ha sido archivado hasta otra ocasión. El periodista investiga el asunto y va relacionando el archivo del tratamiento con los intereses financieros de la propia empresa, de sus ejecutivos y de otras empresas vinculadas. Estos intereses financieros tienen que ver con los bonos de la muerte.

Después de muchas peripecias, el asunto sale a la luz y se convierte en un problema moral pública. Lo que se enfrenta es el interés privado de una empresa privada frente al interés público. Como empresa privada no tiene la obligación de poner en circulación un tratamiento que incluye una patente privada.

La segunda parte de esta película comenzaría con el final de la primera: Ante la indignación pública (manifestaciones, violencia callejera...) el parlamento decide aprobar una ley que obliga a la farmaceútica a poner en circulación el tratamiento.

Un detective de homicidios empieza a encontrarse con una serie de muertes que no parecen tener nada especial en común, pero que aumenta el índice de muerte violenta en la ciudad.  Después de muchas peripecias al estilo de Hollywood, el detective encuentra la conexión entre estas muertes y los intereses financieros de los bonos de la muerte. En medio, un sicario contratado para llevarlo a cabo.

En fin, podemos imaginar como continúa, aunque podemos imaginar finales muy diferentes.

Una ironía

Última actualización el Domingo, 08 de Noviembre de 2009 11:23
 

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