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Una mañana, quizá, nos levantemos y volvamos a soñar que otro mundo es posible, pero sólo cuando nos pensemos de nuevo y de diferente forma. |
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Soñaremos que somos como los demás, que estamos atados a nuestros miedos y nuestras esperanzas, a nuestros ávidos deseos de ser felices y a nuestro errado rumbo donde reina la desconfianza, la visión del otro como un potencial enemigo o competidor o, quizá amigo interesado... Atados a nuestra visión de individuos aislados e impotentes frente a lo que ocurre, limitada la responsabilidad al acto solitario que realizamos... Anclados en la actitud airada frente al que pisa nuestro terreno y nuestro territorio... Abrazados a lo nuestro... y perdidos, perdidos... Pero ese sueño queda lejos, difuminado en la memoria, olvidado junto a los libros de tantos que quisieron soñar otro mundo... Os acordáis cuando todavía teníamos la esperanza de que llovieran sobre nosotros goterones de justicia, de humanidad y al tacto troquelaran los abismos de la miseria humana... No, quizá no, quizá se hayan disuelto en el devenir.
Pero ya es hora. ¿Hay más que queremos otra cosa?
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