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Las amistades según Camps y Rajoy PDF Imprimir E-mail
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Inquieto, siempre inquieto - Mi columna
Escrito por Enrique Pampyn Martínez   
Sábado, 05 de Septiembre de 2009 12:33

Parece que la idea de que por los amigos se hace cualquier cosa está de moda. Y esta moda tiene su origen en relevantes figuras del PP como Rajoy y Camps, sin menospreciar -Dios nos libre- a Esperanza Aguirre.

Ante dilemas morales clásicos como "chivarse" de un amigo del alma, mis alumnos y alumnas de 15 años dudan, aunque la duda está relacionada con la gravedad moral de lo que el amigo ha hecho.

Por ejemplo, si el amigo es un terrorista que solicita, apoyándose en la amistad, que le escondas ante la persecución de la policía, las dudas son menores, aunque algunos y algunas se resisten ante la idea de denunciarle, aunque no le ayudarían a esconderse y tratarían de convencerle de que se entregara. Las dudas son crecientemente menores cuanto menor es la gravedad moral de la acción. Está claro que para mis alumnos y alumnas de 15 años (también vale para los de 18) la amistad es un valor que está por encima de muchas cosas.

Esto mismo parecen defender Rajoy y Camps. De ahí que podamos concluir que su catadura moral está a la altura de los alumnos de 15 años. Camps nos regala la siguiente cita: "La amistad es inmutable al tiempo, a la distancia y a las circunstancias personales. Gracias Mariano por tu constante amistad hacia mi persona, a nuestros compañeros y nuestro proyecto." Parece que la amistad está por encima de cualquier cosa y por amistad hay que mantener a las personas independientemente de lo que hayan hecho.

Así, que a Camps le hayan regalado trajes por un valor increible, no tiene importancia moral. Al fin y al cabo, no es delito. No lo es mientras no se pruebe que el regalo no tuvo contrapartidas, pero, en cualquier caso, ¿es moralmente correcto?

 

Podemos preguntarnos, por ejemplo:

¿Por qué acepta Camps los trajes? ¿Son amigos quienes se los regalan? ¿No imagina Camps que estos trajes, especialmente por el valor que tienen, pueden encerrar cierta intención moralmente (y quizá penalmente) ilícita? ¿Le importa acaso actuar de forma inmoral aunque no se pueda demostrar que sea ilegal? ¿Y a Rajoy? ¿Qué le parece este regalo? ¿No considera que sea inmoral aceptarlos (y regalarlos, por supuesto)?

Podríamos añadir, también, el hecho de que Camps haya mentido, al menos es lo que se deprende del caso. ¿Mentir es algo moralmente aceptable en un contexto como en el que se produce? ¿Le importa a Rajoy que se mienta de esta forma? ¿No muestra la mentira que hay algo que esconder? Si resulta que no es delito recibir regalos, independientemente de la intención y la cuantía, si no los recibe como cargo público, ¿por qué mentir?

Tengo la sensación de que cualquiera reconocería acciones inmorales en Camps y creo que podríamos justificar la inmoralidad de estas acciones. Así pues, está claro que, ante la amistad, parece que las acciones inmorales no tienen valor.

Esto nos permite barruntar que ha sido la amistad de Camps con el presidente del tribunal supremo de Valencia, lo que ha impedido que se investiguen las conexiones de Camps y Costa con la trama juzgada en Madrid.

Recuerdo que, en mi primer año como profesor, una madre de un alumno se presentó en mi casa con varias bolsas llenas de productos de su huerta y conservas caseras para agredecer la atención prestada a su hijo. La situación resultaba realmente incómoda y me provocaba un dilema moral que yo consideraba serio. Desde luego, el valor del regalo era incomparablemente menor que el de los trajes de Camps, pero tenía la sensación de que no era una buena práctica, moralmente hablando. Podría citar más experiencias al respecto, pero está claro que hay un problema moral (ya veremos si no es también legal) muy serio en la cuestión.

Y la "amistad" no puede justificar acciones inmorales. Tengo claro que Camps ha actuado inmoralmente aceptando los regalos, que Rita Barberá también (algo que ha reconocido ella misma), que Rajoy actúa también inmoralmente cuando apoya a Camps y, sobre todo, cuando se festeja la sentencia del tribunal supremo de Valencia como un éxito.

Es cierto que no se ha podido probar el delito, pero también es cierto que su acción ha sido inmoral, algo que no debería festejarse si lo que queremos es que la honradez legal y moral y la dignidad sean los valores que presidan la acción de los políticos y, por tanto, la política. Así, parece que todo vale mientras no pueda probarse que se ha cometido alguna infracción legal.

Lo peor, que todo esto avala la idea de que los políticos van a enriquecerse, a vivir bien y que no les importa otra cosa. El único límite que se autoimponen es que no les pillen "legalmente".

Si este es el ejemplo a seguir, por favor, no  sean hipócritas cuando hablen de "moralizar" la sociedad, que no pidan a los ciudadanos aquello que ellos no hacen y que no quieren hacer.

 

Última actualización el Martes, 03 de Noviembre de 2009 21:18
 

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